Por: Efraín Hernández Villalobos. EACV, CIDEA - Universidad Nacional

TEXTOS ACERCA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Cambio y Permanencia: Obra reciente de Miguel Hernández.

Partiendo de su admiración por Paalen y su singular tratamiento técnico, Hernández, luego de una árdua tarea de experimentación que se transforma en una seria investigación; consigue estructurar una obra pictórica basada en el uso de la huella del humo procedente de candiles y velas sobre telas y otros soportes.

El humo responde a la idea del autor de tratar el tema de los pasajero, de aquello que se nos escapa; de lo breve de la experiencia humana, de lo transitorio y frágil de la vida. Esta condición de lo inasible queda perfectamente expresada en la huella sutil del humo atrapada en el banco resplandeciente de la tela y -como la vida misma- controlada y libre a la vez consigue estructurar imágenes de figuración y no representatividad en variedad de tamaños, conjuntos y piezas independientes.

La sutil impronta oscura del humo consigue superficies de cálido erotismo y fija sensaciones de evanescente delicadeza en la secuencia delicada de matices y valores que se forman sobre los soportes. Las acciones realizadas con este proceso exigen presición y seguridad, no es posible el titubeo y es también necesaria la actitud flexible que sabe cuando dejar que el material hable por si mismo de manera espontánea y cuando controlarlo y dibujar con él los contornos y detalles de una figura humana que surge de un negro resplandor o un veloz torbellino. De esta forma lo humano, concretado en la figura desnuda se forma y se transforma, se hace y se deshace, se formula y se replantea como lo hacemos todos en la experiencia de nuestras vidas.

Lo gestual de ciertas manchas y rasgos, cuando no permanece tal cual el movimiento certero del pintor lo quiere, se reformula con otros materiales como carboncillo, pinceles y tintas para fijar la presencia de un cuerpo que nace de las brumas de la mancha. Al conseguir esta dualidad entre lo informe y lo concreto Hernández plantea afirmaciones en torno al clasicismo académico, la figura humana y su simbolismo en la tradición occidental, confrontado con la nada informe de la mancha como huella y testimonio de lo fugaz que los espectadores podrán interpretar de diversas maneras. Las superficies cromáticas y gráficas conseguidas con este tratamiento singular sugieren un espacio onírico que revela en sus marcas un mundo interior de transformación y cambio.

Los contrastes rotundos entre el negro y sus diversos valores sobre la blanca superficie de soporte consiguen sugerir otro discurso sobre la idea de los extremos y las dualidades que se concreta en la presencia misma de los contrastes físicos impregnados o dibujados en la tela. Indudablemente que este proceso técnico tan particular se justifica plenamente en los contenidos de las obras y se convierte en unidad de sentido y forma que revela la unión expresiva de mente y emoción.

Para quienes conocen a fondo la obra del artista y la historia del arte occidental, no será difícil descubrir entre manchas y formas el influjo de artistas que siempre han interesado a Hernández, podrán reconocer la huella apasionada de Orozco, el calor manierista de Pontormo, el misticismo de William Blake y la espiritualidad de Buonarotti. El observador creativo tendrá la oportunidad de ejercer su fantasía encontrando referencias múltiples al mundo de las formas y figuras naturales suavemente sugeridas en los intersticios de la huella del humo. Aquel que conoce y disfruta la presencia directa de los elementos desnudos del lenguaje visual encontrará en estas obras el goce de un artista que sabe discernir a través de la inmediatez contundente de estos materiales y procesos, una elaboración sofisticada de principios y procesos inherentes a la exploración de la sintaxis de la forma en las piezas no representativas.

Las obras impresionan por su presentación directa de la nada y el objeto en la fugacidad de lo indeterminado que por un momento se detiene en una tela para transformarse en la siguiente y reaparecer en la otra, metáfora del devenir humano y del lenguaje artístico. La acción del humo transformado en pincel marca la transición desde la condensación de la forma a su desaparición en lo inmaterial y lo informe, remitiendo a la esencia misma de la energía vital y su constante transformación. cambio y permanencia regulan este constante devenir entre el ser el tiempo y la nada.

Entre lo clásico y sus antípodas la pintura reciente de Miguel Hernández representa la honestidad de una búsuqeda en este caso fructífera que revela los procesos creativos de un artista y su lucha por dominar una forma de representar que es la perfecta solución a un discurso sobre la creación artística, la historia del arte y sus modelos visuales y la transformación de las nociones culturales de occidente sobre el papel del hombre, la condición humana y la existencia.